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Recomendaciones para las altas temperaturas

Equipo Océano Medicina Acciones de concientización para los pacientes Ante el inicio de la estación estival en los países del hemisferio sur, y el correlativo incremento de la temperatura ambiental, el denominado golpe de calor deviene en uno de los principales factores de riesgo, esencialmente sobre las dos franjas etarias más propensas: niños menores de […]

Equipo Océano Medicina

Acciones de concientización para los pacientes

Ante el inicio de la estación estival en los países del hemisferio sur, y el correlativo incremento de la temperatura ambiental, el denominado golpe de calor deviene en uno de los principales factores de riesgo, esencialmente sobre las dos franjas etarias más propensas: niños menores de un año y adultos mayores a los sesenta y cinco años, aproximadamente [1].

El golpe de calor corresponde a un aumento de la temperatura del cuerpo por una exposición prolongada al sol (insolación clásica) o por la realización de ejercicios en ambientes calurosos o con poca ventilación, al punto que el cuerpo pierde agua y sales esenciales para su buen funcionamiento. Bajo tal escenario, el organismo humano registra dificultades para regular su temperatura por los mecanismos habituales, como la sudoración, por lo que se produce un aumento de la temperatura corporal. El golpe de calor puede presentarse en el momento o después de varios días de altas temperaturas.

Frente al panorama descrito anteriormente, los principales síntomas del golpe de calor se resumen en sed intensa y sequedad en la boca, temperatura mayor a los 39º C (medida en la axila), sudoración excesiva, sensación de calor sofocante, piel seca, agotamiento, cansancio o debilidad, mareos o desmayo, vértigo, calambres musculares, agitación, dolores de estómago, falta de apetito, náuseas o vómitos, dolores de cabeza (sensación de latido u opresión), y/o estado de confusión, desorientación, delirio, o incluso coma o convulsiones.

De este modo, cualquier persona puede ser víctima de un golpe de calor. Sin embargo, se debe tener especial cuidado con los siguientes grupos ya que tienen mayor riesgo de padecerlo: bebés y niños, especialmente menores a 1 año de edad ya que su cuerpo tiene menor capacidad para regular su temperatura, bebés que padezcan fiebre o diarrea, personas con enfermedades crónicas (afecciones cardíacas, renales o neurológicas), niños obesos o desnutridos, personas que tengan la piel muy quemada por el sol, jóvenes que abusen de bebidas con alcohol y de drogas, y, fundamentalmente, personas mayores.

PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

En pos de evitar el golpe de calor resulta imperioso, para el común denominador de la población, prescindir de bebidas con cafeína o con azúcar en exceso, bebidas muy frías o muy calientes; comidas o raciones sumamente calóricas, bebidas con alcohol (ya que aumentan la temperatura corporal y las pérdidas de líquido) y la actividad física intensa (en especial durante las horas diurnas, matinales y vespertinas).

Para el caso de los menores de edad, es fundamental no esperar a que pidan agua, por lo que se les debe ofrecer continuamente líquidos, especialmente jugos naturales. En lactantes ofrecerles el pecho de manera más frecuente, vestirlos con ropa holgada, liviana, de algodón y colores claros; o incluso desvestirlos, bañarlos y mojarles el cuerpo frecuentemente. Además,  evitar la exposición al sol y mantener los ambientes bien ventilados o bien con aire acondicionado.

Con respecto a este último punto, es imperioso subrayar que los aires acondicionados a temperaturas menores a 22 grados pueden provocar resfríos, tos e infecciones respiratorias, siendo los niños los más afectados. Como así también broncoespasmos o desencadenar infecciones y en personas con alergia o asma agravar el cuadro preexistente, puesto que, además de enfriar, el aire acondicionado seca los ambientes y ese aire frío y seco reduce las secreciones mucosas e inflama la vía aérea superior (garganta, nariz y laringe) generando en consecuencia cuadros inflamatorios como faringitis y rinosinusitis.

Por consiguiente, ante un cuadro de golpe de calor en primer lugar  se deberá intentar reducir la temperatura corporal de la persona afectada, con hielo o con un baño en agua helada. Asimismo, resultará importante ofrecer agua fresca (o incluso agua con sal), trasladar a la persona a un lugar fresco y ventilado, no administrar medicamentos antifebriles y no friccionar la piel con alcohol y fundamentalmente.

Finalmente, y a modo de síntesis, las principales recomendaciones de prevención:

  • Ingerir agua en abundancia durante todo el día.
  • Reducir la actividad física al aire libre.
  • Comer frutas, verduras y evitar comidas abundantes.
  • Evitar las bebidas alcohólicas o muy azucaradas.
  • Prescindir de la exposición al sol entre las 10:00 hs. y las 16:00 hs.
  • Permanecer en espacios ventilados o acondicionados (temperatura de 24º C).