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“El mal de los nuevos tiempos es el vértigo y la exigencia de éxito”

Licenciado en Piscología, Director de DIAFOS Espacio de Arte, Cultura y Salud, y creador y administrador del grupo Psicólogas y Psicólogos en Argentina, el mayor colectivo en la historia de Psicología del país, Patricio Leone avizora como nadie el nuevo paradigma de las relaciones interpersonales posmoderna.

Equipo Océano Medicina

Posmodernidad. Oposición al racionalismo. Culto predominante de las formas. Falta de compromiso social. Individualismo consumista como producto del vaciamiento de los ideales de control y cohesión social propios de la modernidad. Es decir, un nuevo estadio temporal en el que los intereses del individuo quedan consagrados en su máxima expresión. Lo efímero, la fragmentación, la discontinuidad, lo caótico.

Licenciado en Piscología de la Universidad de Buenos Aires, Director de DIAFOS Espacio de Arte, Cultura y Salud, y creador y administrador del grupo Psicólogas y Psicólogos en Argentina, el mayor colectivo en la historia de Psicología del país, Patricio Leone avizora como nadie el nuevo paradigma de las relaciones interpersonales posmoderna. “La vida actual es demasiado veloz, todo tiene que ser rápido, y eso tiene un costo. La rapidez tiene un costo. El mal de los nuevos tiempos es el vértigo y la exigencia de éxito. Se incrementa, se agudiza y se patologiza”, sentencia Leone. Vértigo y exigencia, causales necesarios de la depresión y la ansiedad, dos de las patologías emblema en la actualidad.

En términos generales, la depresión puede segmentarse como síntoma, como síndrome y como enfermedad. Por un lado, la depresión como síntoma remite a la afección del estado de ánimo que engloba sentimientos negativos tales como la tristeza, desilusión, frustración, desesperanza, debilidad, inutilidad, y puede formar parte de la clínica de otros trastornos psíquicos. Por otro lado, la depresión como síndrome engloba al conjunto de síntomas psíquicos y somáticos que configura el diagnóstico clínico y psicopatológico del paciente, como por ejemplo la tristeza patológica, inhibición, sentimientos de culpa, minusvalía y pérdida del impulso vital. Finalmente, la depresión como enfermedad configura una entidad nosológica que es definida a partir del síndrome clínico y en la que puede ser delimitada una etiología, una clínica, un curso, un pronóstico y un tratamiento específico.

Con respecto a la ansiedad, la ansiedad subjetiva o la inquietud coexisten con la depresión en un 70 – 80% de los casos. Como grupo, los trastornos de ansiedad son las enfermedades mentales más comunes, con una prevalencia mensual del 7,5% en adultos de todas las edades. En mayores de 65 años esta prevalencia mensual baja al 5,5%; se acerca al 20% en un período de 6 meses y al 35% a lo largo del ciclo vital. La coexistencia de ansiedad y depresión parece ser la norma más que la excepción. Además, los trastornos de ansiedad pueden asociarse con otros psiquiátricos.

“La ansiedad y el stress son los principales males de nuestra época”, resume el Lic. Patricio Leone.

¿Cómo podríamos describir el estado actual de la profesión, con esencial hincapié en el profesional de la Psicología?
– Los psicólogos estamos en una época de mucha conmoción. Estamos en pleno auge de la posmodernidad y a los psicólogos la posmodernidad nos arrasó. Pero estamos en medio de una gran discusión, en donde los psicoanalistas, sobre todo, son profesionales muy refractarios a los cambios y aún no se adaptan al nuevo paradigma que nos presenta el nuevo tiempo. Nuestro objetivo debe ser debatir las nuevas ideas. El encuadre actual de la Psicología se flexibilizó. Hace cincuenta años el psicólogo era un prócer. Hoy es casi un par con el paciente.

¿Cuál debiera ser el vínculo más adecuado entre el psicólogo actual y las nuevas vías de comunicación en auge?
– La tecnología te va a arrasar, hagas lo que hagas te va a arrasar. Vos podés oponerte al celular, como hizo el denominador común de los colegas inicialmente, en especial por la supuesta privacidad del profesional. Si no refundamos la Psicología, la refundimos. Ante todo, debemos aplicar una flexibilización del encuadre. La profesión está basada sobre algunos puntales. Uno de ellos es la asimetría, una disparidad entre el profesional que supuestamente es el que sabe, el sujeto supuesto al saber, y un paciente que supuestamente es el actor que viene a ser curado de una enfermedad. Pero, con la posmodernidad, se rompen por completo las asimetrías: la posición del psicólogo es mucho más simétrica con la del paciente. Otro de los puntos históricos es sostener que los tratamientos necesariamente son prolongados, punto esencial del psicoanálisis, cuando en la actualidad el paciente asiste por urgencias específicas.

¿Cómo se debe formalizar la relación profesional – paciente en tiempos posmodernos de vorágine comunicacional?
– Es una decisión muy personal, yo respeto la postura de cada uno de mis colegas. Pero, en lo personal, creo que debe haber una comunicación intensa entre el profesional y sus pacientes. Las redes sociales son el gran invento de la última década. En la Psicología si no estás conectado también quedás afuera. Yo estoy disponible las veinticuatro horas, mi celular no se apaga nunca. La época en la que vivimos acortó mucho la teoría de la distancia terapéutica. El paciente te coloca en la posición que él considera, el paciente sabe que el profesional también tiene una vida y lo respeta. Pero siempre espera nuestra respuesta. Hay un concepto freudiano denominado furor curandis que implica que el profesional debe siempre abstenerse del deseo desenfrenado de que el paciente se cure. En cambio, yo entiendo que sin furor curandis no hay terapia: si el analista no tiene el deseo desenfrenado de que el paciente se cure, el paciente no se cura. Si hay un nuevo paciente, ¿no va a haber un nuevo psicólogo?